jueves, 27 de noviembre de 2014

Buenos días con agonía




Los que llevéis un tiempo en China, al menos aquellos familiarizados con el sistema educativo chino, tal vez ya conozcáis esta bonita melodía:



Esta sinfonía de talante militar, llamada 运动员进行曲 (yùndòngyuán jìnxíngqǔ) o “Marcha de los atletas” suena a todo volumen a las seis en punto mañana, de lunes a viernes y algunos sábados, en el instituto en el que resido desde que comenzó el curso académico allá en septiembre. Cada mañana, pues, este tesoro del legado musical chino consigue liberarme de mi plácido sueño y darme la bienvenida a un nuevo día cargado de rampante dinamismo. Su duración, dos minutos y medio cronometrados, es tal que evita que cualquier persona una vez despierta consiga conciliar el sueño de nuevo.

Os la pongo otra vez, que seguro que os ha gustado. Ahora con imágenes de desfiles patriotas, que siempre hay gente a la que le pone estas cosas:




Tal rimbombante pieza salió por primera vez a la luz en los mundiales de ping pong en China en 1971, y fue interpretada por la orquesta del Ejército de Liberación Popular Chino para acompañar a los deportistas que entraban en el estadio. Desde entonces se convirtió en un clásico en este tipo de eventos de índole deportiva y es utilizada como música de fondo para los ejercicios matinales en gran parte de las escuelas chinas.



Esto de asociar canciones a hechos cotidianos, como el comienzo del día, la pausa del recreo, o la hora de acostarse, es algo muy común en China. En la universidad que trabajaba acabé cogiéndole hincha a la “Balada para Adeline” de Richard Clayderman, que anunciaba el final de la pausa entre periodos de clase. En el instituto en el que resido está ocurriendo lo mismo, esta vez con un tema de Kenny G, “Going home”, que suena cada noche un poco antes de las 10 para informar a los estudiantes que tienen que irse a dormir. Este traumático soniquete también se usa en algunos centros comerciales para que los clientes se vayan dando prisa y salgan, porque ya es hora de cerrar el chiringuito. Por cierto, no hace mucho Kenny G hizo algunas declaraciones apoyando a los manifestantes en  Hong Kong, pero parece que el gobierno chino no les hizo mucho caso. Al menos su saxofón no ha sido todavía silenciado y sigue martirizando nuestros desdichados oídos.


Despertares indeseables aparte, las cosas no me van mal. Solo que me siento más ocupado y con más responsabilidades que en años anteriores. Esta es una de las razones por las que llevo sin actualizar el blog desde que volví de vacaciones de verano. Menos mal que ahora estamos de parón por los exámenes finales del primer trimestre y he aprovechado para subir algo. Por otra parte, sigo enfrascado en el libro que empecé a principios de año (ya voy por el capítulo de la India, ya va quedando menos) y otros quehaceres más que me mantienen ocupado y hacen que no me aburra. Estoy acabando uno de mis mejores años desde que estoy aquí y espero que la racha se mantenga hasta el final por lo menos. Un saludo y hasta la próxima.


    "Una sola sonrisa puede borrar miles de preocupaciones."

Algo de léxico
despertar (a alguien): 叫醒 [jiàoxǐng]
desagradable: 讨厌的 [tǎoyàn de]
odioso: 可恶的 [kěwù de]
incordiar: 麻烦 [máfan]


lunes, 8 de septiembre de 2014

No hay quinto malo



Cinco (sin premio). Cinco cursos académicos, contando este que acaba de empezar, los que voy a hacer en China. Cinco años los que completaré en este país, media década, que se dice pronto, de subidas y bajadas, de choques culturales y momentos especiales… cinco años de aprendizaje y evolución continuos hasta llegar al momento presente, en el que me veo enfrascado en una nueva etapa, con nuevo trabajo, ambiente y motivaciones.
Nada más regresar de Córdoba, a final de agosto, comencé a trabajar en una escuela internacional en Ke Qiao, un distrito de Shaoxing. Esta vez tengo que enseñar a niños extranjeros (tengo un alumno chino, pero de origen malayo), de entre 7 y 10 años, más motivados y entusiastas a la hora de aprender que la mayoría de estudiantes universitarios que tenía en Yuexiu. Si no hubiera sido por este sustancial cambio, me parece a mí que ahora mismo no continuaría en el país del centro.

Interior de la escuela



































 De momento llevo una semana de reuniones y otra de clases, y la impresión general es generalmente buena. Me encantan mis estudiantes y el ambiente del aula. Llegan siempre contentos y con ganas de aprender, y los 40 minutos que duran las lecciones se pasan volando. Además, el hecho de ser una escuela internacional supone tener contacto con alumnos de quince nacionalidades diferentes, destacando los procedentes de India (en parte esta experiencia está siendo como una vuelta a este país) y países de Oriente Medio.
Por otra parte, el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la universidad y, el hecho de ser el único profesor de español, implica más responsabilidad ya que toda la organización de planes de estudio, materiales y demás recae sobre mí. Aunque es precisamente este aspecto lo que más me motiva y hace que me sienta útil y necesario, e ilusionado a la vez.

La clase de español

El nuevo trabajo conlleva también un nuevo apartamento, el cual aporta la escuela. Es más pequeñito que el del año pasado y con menos muebles, pero para una persona no está mal. Lo que menos me gusta es no tener balcón, ya que vivo en un bajo. Tampoco me agrada el vivir de nuevo dentro de un campus, con guardias que saben con quien vengo y con quien voy, pero bueno, a estas alturas ya es algo que me parece normal aquí.

Adivinad dónde vivo
Vista del salón. A la derecha quiero poner una sofá
El mueble estrella del dormitorio
La cocina, por la que puedo escapar fácilmente en caso de incendio, caida de meteorito o apocalipsis zombie














































































Otro aspecto que me baja la moral es el hecho de vivir en un lugar como Ke Qiao. Más adelante le dedicaré una entrada a este sitio, del cual aún me queda casi todo por descubrir, pero básicamente os digo que es un distrito comercial, con bastante polución, donde lo que más hay son tiendas y restaurantes, y la oferta cultural u ocio en general es inexistente. Si Shaoxing era aburrido, esto ya es lo siguiente. Pero al menos esta vez si que me siento que vivo en un lugar habitado, no como el curso pasado, cuando moraba en Barad-dûr apartado de todo y rodeado de campo por los cuatro puntos cardinales. Vivir aquí será algo más entretenido, aunque no sea el mejor ambiente para un laowai, soltero y sin familia a la que llevar de paseo al centro comercial.

El centro comercial Wanda, justo enfrente de mi casa
Nótese la nube tóxica, un día sí y otro también

No sé muy bien lo que dará de sí este año académico ni como variará mi ánimo a lo largo del mismo, pero de momento me siento esperanzado y contento por el trabajo que tengo, el cual me vendrá realmente bien para mi futuro currículo. Espero seguir teniendo algo de tiempo para ir actualizando el blog, aunque os aviso que este curso tengo más carga laboral y lo mismo me tiro semanas sin publicar nada. Pero eso sí, esto no se chapa hasta que no me largue de China, lo juro por Hello Kitty (que no es ni una gata, ni una niña, sino todo a la vez). ¡Feliz vuelta al cole!

    "El árbol más fuerte y frondoso vive de lo que tiene debajo.".

Algo de léxico
novedad: 新颖 [xīnyǐng]
escuela internacional: 国际学校 [guójì xuéxiào]
ciudad dormitorio: 卧城区 [wò chéng qū]
Hello Kitty: 凯蒂猫  [kǎi dì māo]

 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Palabrita de Marco Polo




A lo largo de su dilatada historia, la civilización china ha tenido diversas capitales aparte de la actual Beijing. Una de las más prósperas en su momento fue Kaifeng, muy cerca del rio Amarillo. La otrora esplendorosa ciudad llegó a ser sede de gobierno durante siete dinastías diferentes, alcanzando su máximo apogeo político y comercial en el periodo Song (desde 960 hasta 1279). A finales de aquella época fue cuando Marco Polo llegó a visitarla, en su primer viaje, cuando la capital ya había sido tomada por Kublai Khan, el emperador mongol. Hoy día, Kaifeng aún conserva algunos vestigios de sus siglos dorados y sigue siendo uno de los lugares más visitados por los viajeros que llegan a China.

Templo de Daxiangguo

De los dos días que pasé en Kaifeng, el primero me lo pasé probando delicias culinarias locales, La profesora que conocí en Lushan me aconsejó acercarme a un lugar llamado Xiao Song Cheng (小宋城), un bonito centro gastronómico que incluye diversos restaurantes, teterías y pequeños puestecillos de comida, ambientado al estilo de la dinastía Song. El precio de los platos es más caros que el que uno puede encontrar en un mercado normal, pero el surtido es más amplio y especializado, y la calidad está garantizada. Entre las tapillas que probé se encontraba un emparedado de carne de perro, lo que suponía la primera vez que degustaba este animal. ¿A qué sabe el perro? Bien, me pareció una carne poco jugosa, difícil de masticar, con un sabor que no llegué a apreciar bien por la cantidad de especias que llevaba. No estuvo mal, aunque le hubiese faltado algo más de salsa.

Por la noche me decanté por el mercado nocturno de la Torre del Tambor (Gu Lou, 鼓楼), un lugar lleno de ambiente donde poder hincharse a un precio módico. El mejor sitio para dejarse caer en una noche de verano china.

Interior de Xiao Song Cheng
No sé muy bien lo que era, pero estaba de lujo
 
Perrito caliente

El segundo día sí que fue más intenso y me pateé la ciudad en plena canícula, parando estratégicamente para refrescarme. Empecé por la Pagoda de Hierro que, según dicen es la más famosa de toda China. Tiene 13 pisos y, en realidad, no está construido con hierro sino con ladrillos cuyo color recuerda a este material. Es posible acceder al interior, aunque no es nada recomendable para claustrofóbicos.

Otro lugar de interés a nivel histórico es el antiguo asentamiento de la sinagoga de Kaifeng. Hace 1000 años una pequeña comunidad judía llegada del norte de la India se estableció aquí, continuando con sus tradiciones y creencias hasta que la sinagoga fue destruida en el siglo XIX, momento en el que sus miembros se dispersaron. Actualmente, un grupo de descendientes de antepasados judíos mantiene reuniones periódicas con el objetivo de preservar su identidad cultural.



Para acabar la jornada me dirigí a una pequeña replica amurallada de lo que en su día fue la antigua ciudad en la dinastia Song. Situado al norte del lago Bao Gong, el complejo incluye pagodas, templos y edificios gubernamentales que rememoran la arquitectura de la época. Cada hora tiene lugar una pequeña exhibición de acróbatas y bailarines en una de las plazas. Más abajo os dejo el vídeo por si queréis echarle un vistazo.



Me marché satisfecho de Kaifeng y feliz por el balance final del viaje. Aún me quedaban 12 horas de tren nocturno por delante hasta Shaoxing, esta vez en asiento duro y sabiendo que no iba a poder pegar ojo. Pese a todo me sentía bien y con ganas de más, algo que no me ocurría viajando en China desde hace tiempo. Ni las aglomeraciones, ni la gente señalándome y diciéndome “hello” por la calle, ni los escupitajos (al suelo, no a mí…)… nada parecía agobiarme lo más mínimo, era como si finalmente me hubiera mimetizado en este particular ambiente. ¿Es esto a lo que llamamos “adaptación”, quizás?


“Haz que el pasado sirva al presente.

Algo de léxico
Marco Polo: 马可·波罗 [mǎkěbōluó]
mercado nocturno: 夜市 [yè shì]
hierro: [tiě]
judío: 犹太人 [yóutàirén]


jueves, 7 de agosto de 2014

Entre grutas anda el Buda



Tras pasarme casi un día entero viajando, llegué a Zhengzhou casi de madrugada y completamente reventado, casi sin fuerzas para ponerme a encontrar un sitio medianamente decente y baratito para pasar la noche. La dirección del hostal que recomienda la web de Wikitravel resultó ser errónea así que me puso a deambular, mochila a los hombros, por los alrededores a ver lo que encontraba. Di con un hotel que pintaba bien pero, como muchos de los hoteles en China, no dejaban alojarse a extranjeros. Por suerte, el chico de recepción me acompañó por todo el centro hasta que encontramos otro hotel, que esta vez si me aceptó como huésped. La frustración inicial se transformó en alegría por la amabilidad que mostró conmigo el muchacho. Que la ley del karma se cumpla y en este momento esté disfrutando de un ascenso.

Al día siguiente, ya descansado y relajado, decidí tomar un tren hasta Luoyang, a unas dos horas de distancia. Desde aquí se puede tomar un autobús de línea para visitar las famosas grutas de Longmen, patrimonio de la Humanidad. Consiste en una serie de cavernas y nichos excavados en un acantilado en cuyo interior aún se conservan estatuas y relieves budistas. Una maravilla que uno no puede perderse si viene a China.


Las grutas de Longmen (cuyo significado literal es “Puerta del Dragón”) supone la muestra más importante de escultura budista en China entre los siglos quinto y décimo de nuestra era. En total se calcula que hay más de 100.000 estatuas de Buda de diferentes tamaños distribuidas entre las rocas a cada orilla del río Yi, además de estelas sagradas y representaciones de otros seres mitológicos, como las Apsaras, o ninfas acuáticas. Con el paso del tiempo el número de esculturas se ha visto disminuido por los efectos de la erosión y también por la mano del hombre, con ladrones sin escrúpulos que han llevado a cabo un sistemático expolio a lo largo de los años.


El rincón más impresionante de Longmen es la gruta Feng Xian Si (奉先寺, templo del culto a los antepasados), donde destaca en el centro la estatua de Vairocana, o Buda resplandeciente, de unos 17 metros de altura. A sus costados se sitúan otras enormes estatuas de sus discípulos y los guardianes mitológicos del templo. La vista que se descubre al coronar la escalinata que da acceso a este grupo escultural es simplemente espectacular.


Regresé a Zhengzhou con un buen sabor de boca, de nuevo al filo de la madrugada y directo al mismo hotel. La verdad es que apenas iba a poder pasar tiempo en esta ciudad ya que al día siguiente mi idea era partir hacia Kaifeng y dormir allí. Sería la última etapa de un viaje que de momento me estaba haciendo disfrutar en China como hacía tiempo que no lo experimentaba.


Cuando pasa por la puerta del dragón, la carpa se convierte en uno de ellos.

Algo de léxico
gruta: 石窟 [shíkū]
estatua de Buda: 佛像 [fóxiàng]
erosión: 侵蚀 [qīnshí]
expolio, pillaje: 掠夺 [lüèduó]


martes, 29 de julio de 2014

Aires de montaña



Cuando se vienen padeciendo altas temperaturas con un nivel de humedad de vértigo desde principios del verano, y unos niveles de polución que acojonarían hasta al Vengador Tóxico, ¿qué mejor lugar para escaparse que una estación de montaña? Esa fue la intención principal con la que llegué a Lushan, un parque natural Patrimonio de la Unesco en la provincia de Jiangxi, donde pasé un par de días, en contacto con la naturaleza y disfrutando de cielos azules los cuales hacía tiempo que no contemplaba de esa manera. Ojo, incluso llegué a ver estrellas por la noche. Hubiera pensado que había salido por un instante de China si no fuera por las hordas de chillones turistas que me encontré nada más llegar a Guling, el pueblecito donde se encuentran los alojamientos y al que se puede llegar en minibus desde la localidad de Jiujiang. Menos mal que el parque cuenta con varios circuitos alternativos para esquivar la bulla y sentirse por unos momentos en silencio, sin más ruido que el de los pajarillos y el viento de montaña.


Dentro del parque de Lushan hay diversos itinerarios que conectan puntos de interés, ya sea un mirador, un santuario en una gruta (como la Caverna del Inmortal) o una pagoda. En mi primera mañana me recorrí gran parte de los senderos oficiales y alguno que otro alternativo. Debido a las nubes, apenas pude gozar de las vistas y me tuve que conformar con visiones más cercanas. A pesar de dificultar la visibilidad, la niebla aportaba al camino cierto halo de misterio, lo que acrecentaba el interés de la visita.



Caverna del Inmortal
Desde el puente colgante, decidí tomar una variante, saliéndome de la ruta asfaltada, adentrándome de lleno en el bosque. El sendero estaba bien claro y definido aunque no tenía ni idea de hacia dónde me llevaría. Fui bordeando un arroyo dejando por el camino piscinas naturales de aguas cristalinas. El camino se fue haciendo más escarpado hasta que me topé con una presa que me cerraba el paso. Solo quedaban tres opciones, o meterme en las galerías de la presa e intentar salir por alguna escalerilla de emergencia (cosa que descarte por temor a que me pillara algún vigilante), o subir por una pared rocosa por la que bajaba una pequeña corriente de agua, o simplemente darme la vuelta y buscar otro atajo hasta la carretera principal, cosa que finalmente conseguí. Fueron unos momentos un poco estresantes pero que me transportaron a mi infancia y esas caminatas salvajes por el campo hasta llegar al Puente de Hierro (los que seáis de Córdoba, concretamente del barrio de Fátima, sabréis de lo que os hablo).




El segundo día me lo quise tomar con más calma, pero al final, como de costumbre, acabé caminando más, aunque esta vez si que pude recorrer lugares tranquilos, apartados de turistas posando y señalándome con el dedo (sí, era el único extranjero allí esos días, por lo que vi). Tras atravesar un solitario y frondoso bosque, llegué hasta el pabellón de Hanpo, en el que de nuevo las nubes me privaron de lo que prometían ser unas espectaculares vistas. Finalmente acabé en la antigua villa donde Mao Ze Dong y otros líderes chinos solían pasar sus vacaciones.



Hay que reconocer que Lushan no es exactamente el retiro espiritual lejos de la urbe que se espera, pero es un gran lugar para hacer algo de senderismo y pasar un rato fresquito antes de volver a la planicie.
Mi siguiente idea era viajar hacia Wuhan, para de allí coger un tren rumbo a Sichuan, pero el encuentro con una profesora de español oriunda de Zhengzhou, en la provincia de Henan, me hizo cambiar de planes. Me convenció de que allí había bastantes cosas para ver, así que preferí dejar la tierra de los pandas y el Huo Guo para otra ocasión con algo más de tiempo.

 Antes de cerrar la entrada, he aquí un vídeo grabado en Guling, donde aparecen algunos de esos elementos que hacen de China un lugar entrañable donde la vida no es tan desagradable como se pinta:




“No puedes reconocer la verdadera cara del monte Lushan desde dentro de las montañas.”

Algo de léxico
montaña: [shān]
naturaleza: 自然 [zìrán]
bosque: 森林 [sēnlín]
presa, embalse: 水库 [shuǐkù]



jueves, 24 de julio de 2014

Entre canales



Una vez retornado al calor (nunca mejor dicho) de mi hogar cordobés, después de haber pasado por retrasos aéreos, escalas eternas e incluso amenazantes tifones, me dispongo a disfrutar de unas merecidas y ansiadas vacaciones. Durante estos días, aparte de hincharme de gazpacho, jamón y otras delicias locales, aprovecharé para ir relatando lo que dio de sí el último viaje realizado por China, justo antes de partir.
La primera etapa fue Suzhou, ciudad donde ya había estado, para reunirme con Aria, la chica que me acogió en Wuhan, y dos amigas suyas taiwanesas que estaban también de viaje. Decidimos pasar un día visitando Zhouzhuang, a unos 38 kilómetros, una típica “water town” china, con sus puentes y canales al más puro estilo veneciano. Como era de esperar, el sitio estaba repleto de turistas locales, lo que deslucía en cierto modo la visita. Pese a todo lo pasamos bastante bien explorando este fantástico pueblecito.
Zhouzhuang está lleno de rincones pintorescos que uno puede ir descubriendo, ya sea a pie o en alguna de las barcas, cuyos timoneles entonan canciones tradicionales como reclamo para los turistas. Entre puente y puente, se pueden visitar algunos templos y antiguas residencias, algunas de tiempos de la dinastía Ming, como la casa de la familia Zhang. No es de extrañar que en nuestro camino nos topemos, no solo con fotógrafos en busca de la instantánea perfecta, sino también con pintores motivados por captar la belleza de esta localidad en sus lienzos.


Saliendo un poco del centro histórico se puede visitar la antigua mansión de Shen Wansan, un legendario millonario que vivió en la provincia de Jiangsu entre los siglos XIII y XIV. Se dice que logró reunir una enorme fortuna gracias a su ardid en los negocios, aunque existen leyendas que asocian su riqueza a una misteriosa olla que convertía en moneda de oro todo lo que se arrojaba a ella. Sea como fuera, las inversiones de Shen Wansan fueron de vital importancia en la economía de la provincia, llegando a apadrinar proyectos faraónicos como gran parte de las murallas que rodean Nanjing, la antigua capital de China.



Precisamente Nanjing fue mi siguiente destino, donde aproveché para visitar a Diego y Elena, dos de mis mejores estudiantes. Debido al chaparrón que cayó durante todo el tiempo que estuve allí y que ya había visto los principales puntos de interés de la ciudad, lo único que hice fue comer, descansar y prepararme para mi siguiente punto, Lushan, una estación de montaña que me recomendó Aria y de la que hablaré en la próxima entrada.


Las sillas de manos pasan por delante de la casa mientras las barcas pasan por detrás.


Algo de léxico
canal (de agua): 运河 [yùnhé]
barca: 划艇 [huátǐng]
puente: [qiáo]
magia, encanto: 魅力 [mèilì]