lunes, 10 de julio de 2017

Y finalmente Yunnan (II)


La segunda parte del viaje tuvo como epicentro la ciudad de Lijiang (丽江, Lìjiāng), a unas dos horas de Dali en tren K. Ya desde el primer instante me pareció un sitio bastante concurrido, con cientos de turistas locales llegando a la estación, apresurados por encontrar alojamiento. No importa si es sábado, domingo o un día entre semana, Lijiang parece estar siempre hasta los topes de visitantes. Razones para su fama no le faltan.
 

 
A diferencia del centro histórico de Dali, en el que los restaurantes y tiendas de recuerdos se entremezclan entre las viviendas de los locales y otros negocios cotidianos, el de Lijiang es como una especie de parque temático. De hecho, para acceder al interior hay que pagar un ticket de 80 yuanes por motivos de conservación. Existen algunos callejones por los que es posible colarse y esquivar a los guardias, pero que sepáis que a partir de las siete u ocho de la tarde ahí ya nadie comprueba tickets ni nada. El lugar es bonito y los canales tienen su punto pero, como digo, no me parece muy genuino y está demasiado masificado, sobre todo al atardecer.
 



 
Para escapar de la congestión del centro de Lijiang, hay algunas aldeas cercanas a las que es posible llegar con transporte público. Yo pasé por Baisha (白沙, Báishā), al pie de las Montañas del Dragón de Jade, principal núcleo de la etnia Naxi. Aquí me encantaron los patios de las casas (a algunas es posible entrar a echar un vistazo) y una delicatessen local: el queso de yak frito.
Algo más cerca de Lijiang está la aldea de Shuhe (束河, Shùhé), que me pareció prácticamente una réplica del centro histórico de Lijiang pero sin aglomeraciones. Merece la pena hacer un alto.
 



 
Uno de los puntos que me pareció más interesante en Lijiang fue el museo de la escritura Dongba, en medio del parque del estanque del Dragón Negro. Además de descubrir el ancestral sistema de pictogramas de la etnia Naxi, se puede conocer sus tradiciones, vestimentas y su religión basada en el chamanismo. Para completar este recorrido se puede visitar una suerte de parque temático cerca de Baisha con replicas de las antiguas construcciones Naxi incluyendo un altar dedicado al gran huevo del cual creen que se originó la vida en la Tierra.
 



 
Sin desmerecer su centro histórico, lo que me pareció mejor de Lijiang fueron sus alrededores. Desde aquí es posible desplazarse a unas cuantas aldeas tradicionales y escenarios naturales, como el último punto de mi viaje, la Garganta del Salto del Tigre, con uno de los mejores circuitos de senderismo que he hecho nunca, y al que reservo la próxima entrada.
 
 
 
“Es mejor viajar diez mil millas que leer diez mil libros.”



martes, 4 de julio de 2017

Y finalmente Yunnan (I)


Hace ya semanas que salí de China, pero no quería finalizar el blog sin hacer un repaso, a modo de epílogo, de mi último viaje poco antes de cerrar esta etapa. Aprovechando la semana de vacaciones en mi colegio por motivos de los exámenes del gaokao, puse rumbo a Yunnan, una región al suroeste de China, paraíso de los mochileros y los amantes del turismo natural. La verdad es que no pude haber elegido mejor escenario para despedirme de este gran país.


 
En esta entrada hablaré del primer punto del viaje, Dali (大理, Dàlǐ), concretamente de su ciudad antigua (古城, Gǔchéng), donde se encuentran los principales atractivos. El primer día lo pasé enteramente recorriendo sus calles y explorando cada rincón. La mayoría de negocios están orientados al turismo, con restaurantes, cafeterías, bares y muchas tiendas de recuerdos. Especialmente popular aquí y también en Lijiang son los yembes, promocionados por simpáticas muchachas que tocan al son de una canción china que acabaréis aborreciendo al cabo de tres días escuchándola por todas partes. Para terminar esta primera jornada me pasé por el complejo budista de las tres pagodas, a un kilómetro y medio al norte del centro histórico, justo a los pies de las montañas. La entrada me pareció excesivamente cara (120 yuanes) así que me conformé con un vistazo desde el exterior, suficiente.
 




 
Dali se encuentra entre dos parajes espectaculares: el lago Erhai (洱海湖, Ěrhǎi hú) y las montañas Cangshan (苍山, Cángshān). El segundo día me decanté por bajar al primero de estos lugares y recorrer a pie su orilla oeste hasta llegar al pueblo de Xizhou (喜洲, Xǐzhōu). El paisaje del lago es bonito pero me esperaba algo más, aunque la ruta a través de las aldeas de pescadores si que fue más interesante. La mayor parte de los habitantes de esta zona son de la etnia bai, identificables por sus vestimentas de color blanco. Aunque, a decir verdad, no sé si fue por que era domingo y se habían ido todos a la capital, pero apenas me crucé con gente en mi camino, y eso en China es cuando menos sorprendente.
 






La tercera y última jornada la pasé caminando por las montañas Cangshan, siguiendo el sendero conocido en inglés como Cloud Traveller's Path (玉带路, yù dài lù). Para llegar hasta aquí se puede subir a pie o en teleférico, empezando en el templo Zhonghe o en el de Gantong. Sea cual sea el comienzo, las vistas del valle y el lago Erhai son igual de impresionantes. Quitando la parte de subida desde la ciudad antigua, el resto del camino es bastante fácil y relajado. Entre los puntos clave destacan los estanques de las siete damas dragón (Seven Dragon Maiden Pools, 七龙女池, Qī lóng nǚchí), una cascada con siete pozas diferentes con agua cristalina donde parar un rato y disfrutar del paisaje (aunque el acceso al agua está prohibido).
 




 































Las opciones en Dali van más allá del lago y las montañas y hay varias aldeas y espacios naturales a poca distancia, por lo que es un sitio fenomenal para quedarse al menos una semana. Como mi agenda era más apretada de lo que yo hubiera deseado, me conformé con estos tres días tras los que quedé bastante satisfecho y contento. Próximo destino: Lijiang.
 
 
“Si no subes la montaña, no podrás ver el valle.”

viernes, 16 de junio de 2017

Gracias China


No es sencillo salir de un país dejando todo atrás. Ya pasé por algo similar hace casi diez años, cuando cambié mi vida en Lituania por la India, pero esta vez creo que el proceso ha sido más emocionante. No es simplemente una cuestión de haber pasado más tiempo en China que en cualquier otro lugar del mundo, toda la cantidad de gente que he conocido y los momentos, malos y buenos, experimentados, sino también de las características del país en sí y las circunstancias vitales asociadas a este importante paso. En estos últimos días, entre emotivas despedidas y estresantes procedimientos relacionados con la partida (envío de cosas a España, transferencia de dinero, papeleos varios, etc.), he tenido tiempo para reflexionar sobre todo lo acontecido desde que en septiembre de 2010 llegué a Shaoxing, ciudad en la que ha vivido hasta mi último día. En general, pese a algunas malas experiencias, el balance es positivo y el sentimiento es de agradecimiento por todo lo aprendido. Resumo en esta entrada algunas de las razones que explican el haber vuelto a España con una percepción positiva de este gran país:


- Los viajes: Debido a su amplitud, China posee una enorme variedad de paisajes y hábitats, ideal tanto para los amantes de la montaña como de las playas tropicales. Además también hay desiertos como en la provincia de Mongolia interior o espectaculares valles como en Yunnan. Por otra parte, hay infinidad de joyas arquitectónicas y vestigios históricos que visitar. En estos años no solo he tenido la oportunidad de ir a los típicos lugares icónicos, como la Gran Muralla en Beijing o el museo de los guerreros de terracota en Xian, sino que también he descubierto algunas maravillas, como la región de los tulou en Fujian o las montañas kársticas de Yangshuo, de las que nunca antes había oído.
 



- La comida: Que duda cabe que uno de los grandes tesoros de China es su gastronomía. Hay una gran cantidad de platos distribuidos entre sus cuatro grandes estilos culinarios, con sabores y texturas para todos los gustos. Desde el picante de Sichuan hasta la imaginación de los platos cantoneses, la oferta es tan inmensa y varía tanto de una región a otra que es casi imposible poder probarlo todo. Desde luego es una de las cosas que más voy a echar de menos.


El gongbaojiding, uno de mis favoritos

 

















- La gente: Hay cierto estereotipo negativo acerca de los chinos por parte de los visitantes extranjeros. A mucha gente les parecen rudos, maleducados, cansinos, etc., pero he de reconocer que en estos años me he encontrado con gente de todo tipo, algunos con una mentalidad más abierta que muchos de mis “modernos” compatriotas. Mi impresión general es positiva y creo que, pese a lo que pueda parecer a priori, son personas amables, que no recurren a la violencia y que están dispuestos a ayudarte en lo que te haga falta.
 



- La "marca China": Si hay algo que de verdad me va a costar volver a encontrar en algún otro país, serían los inesperados y, a veces, inexplicables momentos de la vida en China. Esas situaciones peculiares e irrepetibles, como los grupos de espontáneos bailarines en las plazas al atardecer, personas que aparecen caminando hacia atrás, vehículos imposibles, estilos de vestir inimaginables, los carteles en “chinglish”, etc. Tantas y tantas particularidades que hacen de este país un lugar único, cuya experiencia solo es de momento comparable a la que viví en India, marcando las distancias.
 


- El reto continuo: Esas mismas peculiaridades y choques culturales implican que vivir en China pueda resultar en ocasiones una auténtica aventura para los extranjeros. Uno de los obstáculos principales es el idioma que convierte el procedimiento más simple en una odisea. Por suerte, en este tiempo he conseguido un nivel bastante aceptable de mandarín, lo que no me salva de verme a veces bloqueado y vulnerable. Este mismo sentimiento a la larga ayuda y contribuye a echar mano de habilidades y destrezas adormecidas, por lo que uno está en permanente crecimiento personal. China te vuelve más capaz, despierto y, como no, tolerante ante ciertas circunstancias. Y esto creo que es lo que más he de agradecer de todo lo ganado.


Me alegro de haber terminado este periodo de mi vida con esta sensación, aunque es cierto que también he pasado por fases más negativas. Basta con repasar este mismo blog o leerse el capítulo final de “Con estos ojos” (que, por cierto, ¡está al salir!) para darse cuenta. Ahora toca pasar página y empezar a prepararse para una nueva aventura, esta vez en Kuwait. Espero que sea tan o más productiva y feliz que la etapa china, aunque el listón ha quedado bastante alto.
 


En cuanto a este blog, en unos días publicaré un par de entradas a modo de epílogo sobre el último viaje a Yunnan y después lo mantendré abierto. Quién sabe si algún día no vuelvo a retomarlo. Muchas gracias tanto a los que lleváis tiempo siguiéndome como a los que acabáis de topar con esta bitácora, donde he ido plasmando mis impresiones de China en estos casi siete años. Espero que os haya sido de ayuda.
 
再见!
 
“Aquél que lo piensa mucho antes de dar un paso, se pasará su vida completa en un sólo pie”.


domingo, 9 de abril de 2017

Crónica de un adiós anunciado


¿No os ha pasado alguna vez que habéis empezado a echar de menos a algún lugar y/o personas cuando todavía no los habéis dejado atrás? He estado buscando si hay alguna manera de nombrar a este sentimiento, sería algo así como una nostalgia anticipada. Esto es lo que estoy empezando a sentir en estos días. Y es que la semana pasada confirmé que el curso que viene ya no seguiré en China y estos dos meses que me quedan hasta junio son los últimos que pasaré en este país, al menos en lo que se refiere a este periodo. Ya había anunciado hace un par de semanas que no seguiría en mi actual centro de trabajo, pero aún cabía la posibilidad de seguir en algún otro lugar de China. Sin embargo, una repentina oferta para trabajar de orientador en una escuela de Kuwait ha supuesto el empujón definitivo para cerrar una de las etapas más importantes de mi vida en muchos sentidos.


Más de una vez se me había pasado por la cabeza el irme de China por diversos motivos pero al final siempre había encontrado alguna razón para continuar. Mi estancia en España durante las pasadas navidades me sirvió para analizar la situación desde otra perspectiva y finalmente, tras barajar circunstancias laborales y personales, llegué a la conclusión de que lo que de verdad deseaba era volver a mi ciudad natal y asentarme allí. Me propuse entonces prepararme unas oposiciones e intentar regresar con un puesto seguro bajo el brazo en un plazo de dos o tres años.



A la vuelta le comenté mi idea a mi pareja, pero sus planes de futuro eran muy diferentes a los míos (ella no quiere dejar China ni a su familia), así que decidimos que lo mejor era separarnos y seguir nuestros caminos en busca de nuestras respectivas metas. Llegado pues a este punto, lo mismo me daba seguir trabajando en China que en cualquier otro país mientras pudiera estudiar el master vía online que necesito para la oposición. Abrí mi campo de búsqueda y encontré una interesante oferta en Kuwait que no he podido rechazar. Una nueva etapa se avecina.
 



Anteayer me di un paseo por el lago Oeste de Hangzhou con una amiga y empezaron a aflorar algunos recuerdos asociados a casi siete años de vida aquí. Por supuesto que ha habido aspectos difíciles de manejar, muchos de los cuales influyeron en mi decisión de cambiar de aires, pero también reconozco que habrá bastantes elementos y personas que echaré mucho de menos en el futuro. De hecho, como digo, ya empiezo a sentir esa añoranza y todavía no me he ido.



Estos dos meses que me quedan aquí trataré de vivirlos y aprovecharlos lo mejor posible, al tiempo que me preparo psicológicamente para la marcha. Creo que dispongo de tiempo suficiente para poder hacer todo lo que quiero antes de irme, sin prisas y con calma. Me vuelvo a sentir un poco como en aquella primavera de 2008 cuando decidí salir de mi zona de confort en Lituania, después de dos años viviendo allí, y me marché de repente a la India. Una sensación especial entre la excitación porque algo nuevo se aproxima, cierta incertidumbre por no saber lo que le espera a uno y una ligera pena al pensar que quizás no vuelva a ver, al menos en una buena temporada, a muchas personas importantes en mi vida y de los que he aprendido mucho. Espero que mi futura etapa sea tan fructífera como esta que estoy a punto de cerrar y me resulte igual de provechosa. Sigo creciendo, eso es lo más importante.
 

"Cuando llegues a la última página, cierra el libro."



jueves, 26 de enero de 2017

"Chuanpu", menudo pollo





La llegada al poder de Donal Trump no ha pasado desapercibida en ningún rincón del mundo y, por supuesto, tampoco en China, donde los primeros días del mandato del nuevo presidente estadounidense están coincidiendo con los preparativos del año nuevo. Los chinos miran a “Chuanpu” (川普, así es como se le conoce popularmente) con recelo e incertidumbre, especialmente desde el punto de vista económico. Al parecer, se prevé una subida de las tasas para los productos importados de China en Estados Unidos, lo que podría dañar el crecimiento económico chino, tocado en los últimos años. Por su parte, el gobierno chino se muestra conciliador y tiende la mano a futuras negociaciones en pos de evitar una guerra comercial. En esta línea, China ha prometido facilitar y fomentar las exportaciones de pequeñas empresas estadounidenses y, con este fin, hace unas semanas se reunieron Trump y Jack Ma, dueño de Alibaba (el rey del comercio electrónico en China), para discutir como dichas empresas podrían utilizar su plataforma para comercializar sus productos. De momento, la tensión parece que no es tanta como se temía.
 


En cuanto a la percepción del ciudadano chino de a pie, después de hablar con algunos amigos y allegados, he escuchado opiniones para todos los gustos. En general, Trump se ve como una persona arrogante, ruda e impredecible. Sin embargo, no llegan a considerarlo como un peligro, aunque si alguien que puede ser una traba para el comercio, como apuntaba antes. Es curioso que casi nadie haya hecho mención a su misoginia, sus actitudes xenófobas o el riesgo que supondrán sus medidas para el medio ambiente.


 












Lo más sorprendente es que existe un sector de la sociedad china que mira a Trump con respeto e incluso admiración. Una amiga me dijo que lo veía como alguien seguro de sí mismo, con talento, carismático y muy trabajador, que es capaz de lo mejor por el bien de su país. Otra amiga apuntó que conoce a bastantes personas que lo ven como un modelo de hombre fuerte de estado y que, además, tenía ciertos aires que lo asemejaban con Mao, de aquí esta curiosa atracción por el presidente norteamericano. Aquí un artículo en inglés, donde se destacan los parecidos entre ambos líderes: http://asiasociety.org/blog/asia/what-trump-has-common-mao
 

 














Luego hay otro grupo de personas, que no se suelen meter en asuntos políticos, más preocupados de los preparativos para la cena de año nuevo de mañana que de otra cosa. Son aquellos que prestan más atención a los vestidos de Melania o Ivanka, o a qué lindo es Barron, que a los discursos de Trump, ajenos a todas las posibles consecuencias de sus decisiones en el día a día del pueblo chino. Hay también algunos que lo ven como una broma, una caricatura o parodia política, y explotan su figura a la hora de enviar bromas y memes por las redes sociales chinas. Por lo visto, estos días se ha puesto de moda crear “tuits” falsos de Trump para felicitar el año nuevo, como explica esta noticia: http://www.thehindu.com/news/international/Chinese-send-fake-Trump-tweets-as-jokes-New-Year-wishes/article17097789.ece?homepage=true
 
 

Quién sabe lo que le deparará a China y al resto del mundo en esta nueva era, esperemos que el conflicto no sobrepase esta tensión y las cosas se normalicen (aunque tratándose de política exterior estadounidense, no sé yo si “lo normal” sería lo más adecuado…). De momento dejemos al pueblo chino celebrar su principal festival y démosle la bienvenida al año del gallo o del pollo, como prefiráis, un año con auspicios no tan buenos como el del mono, pero que promete ser igual de agitado.
Un saludo especial a los miembros, mecenas y oyentes del programa LaCafetera de Radiocable, y demás medios de información independientes que se esfuerzan por darnos una visión menos sesgada y más objetiva del mundo en el que vivimos. ¡Va por vosotros!

新年快乐! (Feliz año nuevo)
 
“El que teme sufrir ya sufre el temor.”
 
Un poco de léxico
Trump: La traducción exacta sería特朗普 [tèlǎngpǔ], pero entre los internautas chinos se crearon motes como 川普 [chuān pǔ], que se puede traducir como “mandarín con acento de la provincia de Sichuan”, o床破 [chuáng pò], algo así como “cama rota”.
arrogante: 傲慢的 [àomàn de]
misógino: 厌恶女人的人 [yànwù nǚrén de rén]
xenófobo: 恐惧外国人的 [kǒngjù wàiguó rén de]
 
 

viernes, 30 de diciembre de 2016

El año que vivimos convulsamente


Hola a todo el mundo de nuevo.


Fiel a la tradición, retomo por un momento el blog, que tan abandonado tengo, para analizar en unas líneas lo que ha dado de sí este agitado 2016. A nivel personal ha habido de todo, momentos de gloria y bajones, como era de esperar, aunque haciendo balance general, este año bien podría estar en el podium de los mejores en la última década.
Al menos este año se lleva la plata






























Uno de los días que más celebré fue cuando por fin conseguí acabar el máster tras una recta final de infarto. Era el fruto de meses de duro estudio, combinándolo con el trabajo y otros proyectos. Al final logré terminarlo con muy buenos resultados y fue lo que me animó para intentar un cambio en mi vida laboral meses más tarde.

Esa noche cayó enterita


 

















Justo después de este triunfo empezaron las vacaciones de año nuevo chino, a mediados de febrero. Fueron unos días muy especiales porque por primera vez viajaba a España con Qinqin. Lo pasamos genial recorriendo parte de la geografía española y la impresión que en ella dejó mi tierra fue estupenda, aunque tras dos semanas ya echaba de menos la comida china. Y es que la cultura del tapeo no le convenció tanto como el perenne sol, la simpatía y el calor de la gente y el increíble legado cultural que tenemos y del que a veces nos olvidamos.



 










El periodo de marzo a mayo lo dediqué en su mayor parte a buscar trabajo. En la escuela ya había anunciado que no seguiría el curso siguiente y que mi idea era irme a trabajar a una ciudad en la que Qinqin tuviera más oportunidades laborales. Después de recorrerme algunas ferias de empleo y enviar infinidad de currículos, lo único que pude conseguir fue un puesto de profesor de inglés en una escuela de Ningbo, pero tampoco me convencían mucho las condiciones. Al final, ya casi con el plazo de renovación del visado acabando, decidí dar un giro a todo y proponerles a los de mi escuela trabajar en algún puesto relacionado con lo que había estudiado en el máster. Aceptaron y aquí empezó mi nueva etapa laboral como “school counselor”.

Esto es lo que veía en feria tras otra


 















Por su parte, Qinqin ya había decidido cambiar de aires y marchar a otra ciudad en busca de una mejor oportunidad laboral. Consiguió un buen puesto en un despampanante hotel, lo que supondría una mejora en su carrera profesional. Hasta aquí todo bien. El tema es que el trabajo era en Changsha, una ciudad a 900 kilómetros de la mía. Mi primera reacción fue de colapso, se me vino el mundo encima al pensar que estaríamos tan alejados, pero enseguida comprendí que no servía de nada oponerme y que tenía que darle todo mi apoyo para que siguiera prosperando en su vida laboral. Solo sería por un año y nos seguiríamos viendo, aunque con mucha menos frecuencia. De momento ahí lo llevamos, bien, en espera de que este 2017 nos dé por fin la oportunidad de encontrar algo en el mismo lugar.



 




















Tras toda la tensión acumulada relacionada con el empleo, por fin llegó el verano y con él la oportunidad de relajarme y perderme un poco fuera de China. Esta vez me decanté por Corea del Sur, un país que me dejó una maravillosa impresión y en el que conocí a gente magnífica. Disfruté cada uno de los días que pasé allí y me dieron ganas, no solo de volver a hacer una visita, sino también de, por qué no, irme a vivir y trabajar. Quién sabe.





















Nada más volver, me empecé a preparar para todas las responsabilidades y funciones que se me venían encima en el nuevo curso escolar. Debutaba como “school counselor”, lo que en España viene a ser un psicólogo orientador o educador, según las funciones que lleve en la escuela. Las mías se centran en el asesoramiento individual o grupal de alumnos, padres y profesores, y además organizar una asignatura llamada Aprendizaje Socio-emocional, aparte de ejercer como mediador en algunos casos y llevar a cabo seminarios y talleres para mis colegas. Me encanta el puesto, lo que pasa es que no doy abasto y la escuela no lo está valorando de momento como es debido. Aún así continuaré dándolo todo como he hecho hasta ahora. Aquí os dejo un enlace a un blog paralelo (en inglés) sobre mi labor en esta nueva etapa: http://aintnowall.blogspot.com



 














El primer semestre en la escuela ha sido muy intenso en lo que a actividades se refiere. Desde las competiciones deportivas hasta el día de las Naciones Unidas, pasando por la noche de Halloween y otros eventos. En todas las ocasiones me he involucrado al máximo, disfrutando la alegría de los chavales, los grandes protagonistas y por los que merece la pena levantarse cada día. De no ser por ellos y por su forma de valorar lo que hago, no sé yo si seguiría más tiempo donde estoy.






 















Y en un visto y no visto nos plantamos en navidades. Esta vez no han dado vacaciones en este periodo, con lo que por fin puedo escribir estas líneas en el calor del hogar, con un sol radiante y cielo azul cada vez que salgo, y rodeado de las personas que más quiero. Es una sensación única por celebrar estas fiestas en Córdoba después de siete años maldiciendo el anuncio de “El Almendro”. Justo antes de volar, tuve el honor de convertirme en Papa Noel por un día y sorprender a los niños de mi escuela, aunque los más mayores enseguida me descubrieron por la nariz. Otro gran momento para despedir el semestre.




 



















Así que nada más, solo desearos felices fiestas a todos, amigos y amigas, y que el nuevo año venga cargado de nuevos retos que den a nuestras vidas más sentido si cabe. ¡A pasarlo bien!

 



“El fracaso no es caer, sino negarse a levantarse.”

 

Un poco de léxico

perseverancia: 毅力 [yìlì]

esfuerzo: 努力 [nǔlì]

reto: 挑战 [tiǎozhàn]

esperanza: 希望 [xīwàng]

 

 

lunes, 5 de septiembre de 2016

Verano coreano (y V): Busan


El punto final antes de mi regreso a Seúl, era Busan, uno de los lugares más habitables en los que he estado. Situada en el punto más al Sur de la península, es la segunda ciudad más grande de Corea y la gran capital portuaria del país. Cuenta con importantes puntos de interés, con tantas o más cosas para hacer que en Seúl, pero con un ambiente más fresco y relajado. Para mí, su principal atractivo es que está a la orilla del mar y esto siempre me condiciona a la hora de valorar un lugar (por eso me gustan Qingdao o Xiamen más que otras ciudades en China, por ejemplo). Aparte, su gastronomía, basada en los productos marinos, hace la estancia más grata si cabe. Por otro lado, una vez más tuve la suerte de ser acogido por una gran persona, Kyuman, un estudiante de medicina y luchador de kendo que hizo lo posible para que no me faltara de nada. Chapeau 




Un plato de mulhui (물회), delicioso

 






















El primer sitio que visite fue Gamcheon, un barrio pintoresco y muy colorido, en el que cada rincón era digno de fotografiar. Lo que en su tiempo fue una zona destinada a los refugiados durante la guerra de Corea, ha sufrido sucesivos lavados de cara hasta pasar a ser conocida como la Santorini del Este, aunque a mí más bien me vinieron a la mente las favelas de Rio.









































Al caer la tarde, aprovechando la caída del sol, mi anfitrión y yo bajamos hasta la concurrida playa de Songdo, a darnos un baño después de otra calurosa jornada veraniega. Después dimos una vuelta hasta llegar al puente de Namhangdaegyo, desde donde observamos nuestro destino del siguiente día: Jagalchi, el mercado de pescado más grande de Corea.







Entre estanques con enormes cangrejos, descomunales pescados y barreños con criaturas marinas que jamás me habría planteado que podían ser comestibles, disfrutamos del mercado de Jagalchi y su espectacular ambiente. En el segundo piso hay restaurantes donde probar las especialidades locales. Estuve a un paso de probar el nakji, un pulpo pequeño que los coreanos se comen crudo. Mi vena temeraria me incitaba a aventurarme con este plato, pero después de escuchar a Kyuman explicándome que cada año siempre muere alguien porque el dichoso pulpito se escabulle por el conducto equivocado, entorpeciendo la respiración del comensal, me lo pensé mejor y decidí decantarme por unos calamares fritos. Sí, amigos, me voy haciendo mayor.







Busan fue el genial colofón a un viaje que, si bien no ha llegado a dejarme la huella del de Myanmar, ni ha tenido la misma dosis de acción que el de Laos o Indonesia, sí que me ha dejado una impresión tan grata como los anteriores, y desde aquí recomiendo que visitéis Corea si tenéis la oportunidad. Me ha gustado tanto que no descartaría probar suerte allí si las circunstancias son idóneas, quién sabe, yo de momento he vuelto a estudiar coreano por lo que pueda pasar.





 


















“Empezar es la mitad de la tarea”.

Proverbio coreano

 
PD: Si queréis conocer más sobre Corea y su cultura, aquí os dejo el enlace al fenomenal blog de Robert, “Paella de Kimchi”: http://paelladekimchi.com