lunes, 10 de julio de 2017

Y finalmente Yunnan (II)


La segunda parte del viaje tuvo como epicentro la ciudad de Lijiang (丽江, Lìjiāng), a unas dos horas de Dali en tren K. Ya desde el primer instante me pareció un sitio bastante concurrido, con cientos de turistas locales llegando a la estación, apresurados por encontrar alojamiento. No importa si es sábado, domingo o un día entre semana, Lijiang parece estar siempre hasta los topes de visitantes. Razones para su fama no le faltan.
 

 
A diferencia del centro histórico de Dali, en el que los restaurantes y tiendas de recuerdos se entremezclan entre las viviendas de los locales y otros negocios cotidianos, el de Lijiang es como una especie de parque temático. De hecho, para acceder al interior hay que pagar un ticket de 80 yuanes por motivos de conservación. Existen algunos callejones por los que es posible colarse y esquivar a los guardias, pero que sepáis que a partir de las siete u ocho de la tarde ahí ya nadie comprueba tickets ni nada. El lugar es bonito y los canales tienen su punto pero, como digo, no me parece muy genuino y está demasiado masificado, sobre todo al atardecer.
 



 
Para escapar de la congestión del centro de Lijiang, hay algunas aldeas cercanas a las que es posible llegar con transporte público. Yo pasé por Baisha (白沙, Báishā), al pie de las Montañas del Dragón de Jade, principal núcleo de la etnia Naxi. Aquí me encantaron los patios de las casas (a algunas es posible entrar a echar un vistazo) y una delicatessen local: el queso de yak frito.
Algo más cerca de Lijiang está la aldea de Shuhe (束河, Shùhé), que me pareció prácticamente una réplica del centro histórico de Lijiang pero sin aglomeraciones. Merece la pena hacer un alto.
 



 
Uno de los puntos que me pareció más interesante en Lijiang fue el museo de la escritura Dongba, en medio del parque del estanque del Dragón Negro. Además de descubrir el ancestral sistema de pictogramas de la etnia Naxi, se puede conocer sus tradiciones, vestimentas y su religión basada en el chamanismo. Para completar este recorrido se puede visitar una suerte de parque temático cerca de Baisha con replicas de las antiguas construcciones Naxi incluyendo un altar dedicado al gran huevo del cual creen que se originó la vida en la Tierra.
 



 
Sin desmerecer su centro histórico, lo que me pareció mejor de Lijiang fueron sus alrededores. Desde aquí es posible desplazarse a unas cuantas aldeas tradicionales y escenarios naturales, como el último punto de mi viaje, la Garganta del Salto del Tigre, con uno de los mejores circuitos de senderismo que he hecho nunca, y al que reservo la próxima entrada.
 
 
 
“Es mejor viajar diez mil millas que leer diez mil libros.”



No hay comentarios:

Publicar un comentario